Comenté en un post pretérito desde mi niñez hasta el noveno grado estudie en la Escuela Mixta Unificada Alberto Masferrer de Santa Tecla, a la par de Instituto Damián Villacorta y el ITCA, enfrente de la Escuela Marcelino, todo un centro de conocimiento envidiado por los genios de Silicon Valley.
La referida es escuela pública, administrada eficientemente por una monja a la que le tengo un gran respeto, admiración, aprecio y temor. Rufina Llenin Escarpenter, madre de todas las madres, española hasta el coñazo y con la visión de la enseñanza autoritaria que tanto me sofoco por años. De hecho fui expulsado un par de ocasiones por problemas de conducta y mi madre en base a llantos ablandaba ese lado humano de la madre para dejarme estudiar un año más, mis notas nunca fueron malas pero mi comportamiento se alejaba de las enseñanza del padre Francisco Coll, fundador de las Dominicas de la Anunciata orden a la que pertenece la inmortal directora.
Hay un sabor dulce amargo sobre la escuela y ese tipo de enseñanza, estoy totalmente en contra de la educación basada en la amenaza, el golpe al que en ocasiones fui sometido, el orden preestablecido que no deja poder diferenciarnos y pretenden formar niños caricaturescos. Tengo tan presente el día que el señorita Ilda una solterona pelo corto, de una estatura muy baja, La amargada me pego con el tacón del Zapato con una mirada de goce o placer en su ejecución.
Existen experiencias valiosas y otras no tanto. ¿Algunos de ustedes se acuerdan del himno de su escuela o colegio? Yo me aprehendí el himno que hasta ahora no me sirve de nada pero por otro lado reconozco lo aprendí herramientas valiosas y necesarias para mi desenvolvimiento profesional pero sobre todo para mi vida.
Esto que siento es como el “Síndrome de Estocolmo” que ocurre a la victima de privación de libertad o secuestro, quien desarrolla un deseo afinidad o atracción hacia su captor. Yo me enamoré de mi escuela, la siento mía, de la formación general antes de entrar al clases que finalizaba religiosamente con un padre nuestro, esas cosas te marcan y se vuelven o gustos adquiridos o recuerdo malditos que no se quiere volver a vivir, de hecho el sometimiento a esa estructura hace que aborrezca las organizaciones militaristas verticales mis prejuicio sobre los militares es muy feo, además no creo en ninguna religión porque vomito al pensar en todo aquello que se me quiso imponer sin que yo tuviera opinión.
Lo que no tengo duda es que soy quien soy y como soy en gran parte por esos nueve años que “al final del día” no estoy seguro si en la balanza se me inclina hacia el bien o para mal… definitivamente Bittersweet Symphony!
Así se debe contestar el teléfono en casa.
Hace 1 día

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